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Prescripción informatizada de genéricos

Enviado por en 30 junio, 2010 – 10:08 PMSin comentarios

¿Golpe a la libertad del ejercicio médico?

Desde el 14 de Junio, Osakidetza ha puesto en marcha un sistema informático que modifica automáticamente la prescripción de cuatro fármacos (de amplio uso) por sus equivalentes genéricos. El sistema se extenderá progresivamente a otros medicamentos.

No es discutible, por obvia, la conveniencia social de disminuir la factura farmacéutica, y más aún, en la actual coyuntura económica, pero ello no justifica que esto se pueda hacer de cualquier manera y sin considerar las consecuencias que se derivan, tanto del hecho en sí mismo, como de las formas (impresentables) empleadas en su realización y puesta en marcha.

Osakidetza transmite una visión simplista del problema, la que se resume en los siguientes términos:

 “Puesto que los fármacos genéricos son iguales y más baratos que sus originales, la medida sustitutoria informática puesta en marcha es lógica, correcta y deseable, ya que los recursos económicos públicos son limitados y deben emplearse con la máxima eficiencia”. “Por otra parte, el médico puede seguir administrando el medicamento que desee, si lo justifica mediante un informe, de manera que la libertad de prescripción queda garantizada”.

Tras esta aparente y simple lógica, que encuentra camino trillado en la actual coyuntura de penuria económica,  se esconden, sin embargo, varios presupuestos falsos, que  desvirtúan por completo sus conclusiones; dos de ellos, muy concretos que examinaremos con más detalle:

  • No existe una opinión unánimemente compartida en torno a la exacta equivalencia entre el fármaco original y su principio genérico.
  • Las trabas puestas en el procedimiento seguido para efectuar el cambio de prescripción, coartan de facto, cualquier libertad de elección por parte del médico.

No existe, en efecto, consenso generalizado sobre la exacta equivalencia entre los fármacos concretos y sus correspondientes genéricos. Muy al contrario, en algunos casos, la no equivalencia, es opinión médica más extendida. Así lo demuestran especialistas hospitalarios reticentes a tomar esa responsabilidad y “advirtiendo” que si otro facultativo decide estampar su firma en la nueva receta, lo hace bajo su propia responsabilidad. La propia Osakidetza se ha visto obligada a reconocer algunas de estas diferencias, e introducir excepciones y matices a la sustitución.

Si la equivalencia exacta fuera un hecho tan cierto y seguro ¿por qué la Administración Pública no ha eliminado (está dentro de sus atribuciones y de su capacidad organizativa el hacerlo) del vademécum financiado públicamente, aquellos fármacos que desea sustituir, por los genéricos? ¿Por qué Osakidetza  ha diseñado el sistema informático para que los Médicos de Familia sancionemos con nuestra firma el cambio de medicamento realizado?

Esto nos lleva a la segunda consideración planteada; a la posible vulneración de la libertad de prescripción, que se puede derivar de esta medida.

Hay que señalar que la libertad de prescripción del médico es un principio jurídico firmemente establecido y que esta libertad no colisiona en absoluto, con la facultad de la Administración para decidir libremente su política de financiación farmacéutica. En dos palabras: el médico es libre de recetar (porque se responsabiliza de su receta) y la Administración Pública puede decidir qué fármacos (o cualquier procedimiento médico-quirúrgico) financia y cuáles no.

Osakidetza sabe que el principio jurídico de libertad de prescripción es inamovible, y por ello tiene que dejar un resquicio, por débil que sea, para que (en teoría) los médicos podamos recetar con autonomía. Pero el resquicio que se nos ofrece es eso, un resquicio, estrecho y dificultoso de materializar (hacer un informe … esperar contestación… ¿lo podrían denegar?….. y mientras tanto ¿qué hacemos con el enfermo en la consulta?).

En la práctica, se convierte en tarea poco menos que imposible. No faltan informes jurídicos cualificados que, por esta razón, entre otras, ponen en duda la legalidad de la decisión de Osakidetza.

Si se eliminaran fármacos del vademécum todo sería escrupulosamente correcto; no habría nada que objetar, porque la propia Administración se responsabilizaría legal y políticamente de la medida. Si Osakidetza emplease técnicas informáticas “publicitarias” (por ejemplo, realzar y facilitar en pantalla la prescripción del genérico) para inducir su receta, tampoco habría nada que reprocharle.

Pero que Osakidetza nos obligue a responsabilizarnos (lo hacemos al estampar nuestra firma) de un cambio de prescripción que no ha sido decidido por nosotros mismos, es un atropello; y que encima tengamos que leer en la prensa al Consejero y al Director General diciendo que, por su parte, no hay obligación impuesta al médico, sino sólamente “sugerencia” y “recomendación”, es, además, un sarcasmo.

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