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Los empleados públicos somos los malos de la película

Enviado por en 14 diciembre, 2011 – 5:15 PMSin comentarios

Intolerable casta de privilegiados

Este epíteto es lo más suave que estamos oyendo en los últimos tiempos por parte de quienes, aprovechando los malos vientos económicos que corren, persiguen una salida de la crisis a costa de los paganos de siempre, de los asalariados, los públicos y los privados. A ello SE ayuda, y no poco, una manipulación descarada de la opinión pública como la que estamos viendo.

 

La manipulación empieza por la cuidadosa elección de la terminología que se emplea, y que escoge casi siempre el término «funcionario» (de peyorativas reminiscencias decimonónicas), en lugar de «empleado público» o «trabajador público». El núcleo del discurso antifuncionarial, que mantienen algunos medios, se centra en lanzar críticas despiadadas a la estabilidad laboral, una cualidad inherente al empleo público; una cualidad cuya necesidad (como garantía de la neutralidad política de lo público) se asienta en hondas raíces históricas que los ultracríticos ignoran o fingen ignorar.Se nos recrimina y se nos culpabiliza presentando la estabilidad en el empleo como un hiriente agravio comparativo con otros sectores laborales. Así, claro, se evita poner el acento en la precariedad laboral extrema y los salarios de explotación que tiene que sufrir buena parte del mundo laboral y que debiera ser la injusticia a combatir; por no hablar de las situaciones de auténtico saqueo y fraude económico que se van conociendo.

No interesa. Mejor estimular sentimientos primarios y atizar supuestos agravios para desunirnos. Las condiciones laborales del empleado público –es su tesis- son «demasiado altas» y un «mal ejemplo» para el conjunto de los trabajadores; hay, por tanto, que podarlas. Preguntémonos a quién interesa que este discurso prevalezca en la opinión pública.

Pero es que, además, los empleados públicos no estamos libres del paro y, en cierta manera, soportamos nuestras propias condiciones específicas de precariedad laboral; ¿o es que no hemos pasado todos nosotros por largos (muy largos a veces) tiempos como interinos y eventuales, antes de consolidar nuestro puesto de trabajo a través de una oposición abierta –por cierto- a todo quien quisiera participar?

Y cuando, una y otra vez, finalizaba nuestro contrato eventual con la administración pública ¿acaso no íbamos a la calle y, por añadidura, sin derecho a indemnización?

Para terminar, no podemos menos que poner en evidencia un hecho que nunca vemos reconocido por los medios de opinión: Los empleados públicos garantizamos la estabilidad en el empleo pero a costa de soportar una fuerte reducción salarial. En el trienio 2010-2012 los profesionales de Osakidetza perderemos (como poco) un 12-15% de nuestro salario real. Eso significa que los, aproximadamente, 35.000 empleados de la sanidad vasca, financiaremos a nuestra costa, el mantenimiento de más de 4.000 puestos de trabajo, que, en otras condiciones, hubieran desaparecido, sin más.

¿No se nos ha dicho hasta la saciedad, que los excelentes datos del paro alemán se deben, por supuesto, a su pujanza económica, pero también a que las empresas en dificultades aceptan recortes salariales a cambio de mantener la estabilidad en el empleo? Pues esto, ni más ni menos es lo que estamos haciendo los denostados «funcionarios».

Y, de propina, nos insultan.

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