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¿SUPERmédicos o SUPREmercenarios?

Enviado por en 21 febrero, 2012 – 5:05 PMSin comentarios

 

Un grupo de médicos de AP, nos ha remitido este escrito, que refleja la opinión que les merece el programa SUPRE.
Argumentos y razonamientos similares a los que aquí se exponen hemos desgranado –inútilmente- ante todas las instancias de Osakidetza con las que nos hemos reunido.

El escrito refleja en nuestra opinión, el sentir mayoritaria de los médicos de AP; también la de nuestro Sindicato. Por esta razón, le damos publicidad y animamos a todos a difundirlo y secundarlo.

¿SUPERmédicos o SUPREmercenarios?

Quedaron atrás los tiempos de facultad y residencia, cuando nos formaron para ser médicos. Nos hablaron entonces de conocimiento científico, de lex artis, y de ética, de cómo deberíamos de tratar a nuestros pacientes. Pronto nos enseñó la vida que en la práctica médica había otros condicionantes; los ineludibles aspectos administrativos, el gasto, las estadísticas, … en definitiva, la organización del sistema; pero siempre supimos que el objetivo central de nuestra actuación era la consulta médica de calidad, vértice, al fin y al cabo, de todo el sistema de atención sanitaria.

Éramos médicos.

De un tiempo a esta parte, esos aspectos organizativos van poco a poco condicionando, invadiendo más bien, nuestro modus operandi, con especial incidencia en el ámbito de la AP. Vaya por delante que ésta “organización” de nuestra actividad clínica es necesaria, pero sin olvidar colocarla en su justa medida y respetando siempre estas tres premisas:

  1. Que se escuche a los profesionales, pues somos quienes conocemos el trabajo del día a día.
  2. Que no repercuta negativamente en la calidad de la atención clínica.
  3. Que no perjudique las condiciones de trabajo.

Hace tiempo que se rebasaron estas líneas rojas. Cada vez somos menos médicos (dedicados al paciente) y más mercenarios a las órdenes exclusivas de quien nos paga (cada vez menos por cierto) ¿Qué otra cosa significan la imposición de agendas â€œacordeón” a expensas de la pura demanda; de los genéricos por decreto, de la multiplicidad de tareas administrativas para el médico, de la asignación de nuevos cometidos sin adecuar nuestras agendas, de los cierres de centros, de carteleras variables a gusto del gerente de turno, de que otros estamentos hagan labores de diagnóstico, tratamiento y recetas “con nuestra firma”, de un sistema informático infernal para el trabajo clínico, de cambios en la organización con el único objetivo de mayor control, de recortes de personal aunque sea a costa de la calidad asistencial clínica, de la falta de sustituciones … ? Y de tantas y tantas cosas que podrían seguir.

Resulta paradójico que siendo la falta de tiempo uno de los problemas endémicos, de la AP, y reconocido este hecho por todos; médicos, pacientes, sociedades científicas, sindicatos y hasta por la propia Osakidetza, sin embargo ni una sola de esas medidas ha contribuido a paliar este mal; en la mayoría de las veces ha ocurrido todo lo contrario. Y a pesar de ello, hemos tragado.

 

Empezamos a ser más mercenarios que médicos.

La última imposición que se nos ha colado, es el nuevo sistema de prescripción de recetas el archiconocido SUPRE. Que no haya malas interpretaciones, no estamos en contra de la técnica ni de los cambios, cuando son precisos; pero sí rechazamos la prepotencia que guía y rodea estos cambios.
Imponen novedades sin querer aprender del sistema anterior, ignoran a los médicos de a pie que conocemos la realidad, se niegan a negociar con las fuerzas sindicales para evitar que el nuevo sistema perjudique las condiciones laborales de los médicos, no se molestan en implantar un pilotaje previo para identificar problemas, no hay estudios de viabilidad, no se instaura una  formación reglada acorde al cambio, y para colmo, se implantan unos ritmos de puesta en marcha totalmente inviables. El SUPRE, tal como está diseñado, nos arrebata aún más si cabe, aquello –el tiempo- de lo que menos disponemos en AP.
A pesar de todo, del aluvión de críticas y de los fallos estrepitosos del propio sistema, Osakidetza sigue empecinada en llevar adelante y exportará a la atención especializada el caos que ya está ocasionando en la  AP.

Resulta difícil encontrar profesionales médicos que defiendan el  SUPRE, mientras que somos legión los que abominamos de él. A pesar de ello, ¿qué es lo que hacemos? En el mejor de los casos, terapia de grupo en el ratito del café (el que lo tenga) diciendo que algo habría que hacer y en el peor, entrar al trapo, elaborando contrapropuestas que más parecen un maquillaje del original que una verdadera alternativa. En cualquier caso, lo que sí hacemos es tragar las imposiciones y volver a adaptarnos hasta el infinito para intentar la cuadratura del círculo (una vez más) a costa de nuestro esfuerzo, trabajo y mala conciencia, porque, todos somos conscientes de que la burocracia desatada está afectando a nuestro verdadero trabajo; a la consulta médica.

 

¿Ya nos hemos convertido en mercenarios?

Es tiempo de poner por delante nuestro papel como veladores de la mejor salud posible para nuestros pacientes. Es tiempo de rescatar nuestro papel de médicos, y rechazar el exceso de mercenariato en que nos ha hecho caer el sistema.
 Por ello, desde estas líneas hacemos un llamamiento a nuestros compañeros para atender a cada paciente (y a cada uno de sus motivos de consulta) con los criterios clínicos que nos enseñaron en la facultad y en la residencia.

Pero, como también somos trabajadores de una empresa que se llama Osakidetza, y sus imposiciones nos obligan legalmente, no nos negaremos a cumplimentar la burocracia del SUPRE, pero, eso sí, después de haber dedicado a la consulta y a las tareas médicas, el tiempo que merecen. Si las recetas tardan mucho en hacerse, las seguiremos rellenando a mano (las bacaladeras siguen siendo legales). Si el buen hacer crea problemas, que sean nuestros jefes quienes los resuelvan. Si el 1 de Junio cierran el sistema anterior, pues allá ellos; que lo hagan si se atreven. Si el sistema se colapsa será por el absurdo de SUS imposiciones y SU organización, no por el cumplimiento de nuestro deber. ¿O nos van a decir algo por hacer bien nuestro trabajo y obedecer sus órdenes ?
Tampoco tenemos que suplir el sobresfuerzo renunciando al disfrute de nuestro descanso reglamentario y a entrar y salir a nuestra hora, no somos una ONG, sino profesionales que vivimos de nuestro trabajo y no debemos minusvalorarlo renunciando a nuestros derechos como trabajadores.

Todo esto no es una optimización ni una desobediencia civil, es una “obediencia civil”, es simplemente TRABAJAR BIEN y reivindicar que la “organización” se adapte al motivo para lo que se creó, es decir, para mejorar el acto de encuentro entre el paciente y el médico, y no al revés.

 

No somos SUPERmédicos, no queremos convertirnos en SUPREmercenarios.

Es la única manera en la que podremos recuperar nuestra dignidad.

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