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¿Desescalada o escalada?

Enviado por en 2 junio, 2020 – 5:31 PMSin comentarios

Desde hace un tiempo parece no existir en el mundo nada más allá del tema del momento. Sectores como la economía, el ocio, la cultura, las relaciones sociales y demás componentes de la actividad humana giran en torno a un único tema: la Covid-19.
Qué decir de la salud, ámbito del que algunos –ahora- se han dado cuenta de la importancia que tiene en nuestra sociedad. Pero dentro de este mundo sanitario, también se ha apartado todo lo que no huela a Covid-19 y sus diferentes derivadas. Es como si el resto de patologías hubiesen desaparecido de la faz de la tierra e, incluso, de las tareas de los Servicios de Salud.Y, curiosamente, así ha sido durante los meses álgidos de la pandemia. No sabemos si por miedo al contagio, por conciencia social o por qué, pero la realidad es que durante este tiempo el grueso de las consultas en PAC y servicios de Urgencias han estado relacionadas con la Covid-19. Muchos son los profesionales que se han preguntando “¿dónde se han metido los infartos, ACV, dolores abdominales, oncológicos y resto de patologías urgentes durante los meses pasados?”.
La palabra “desescalada” como tal, fue desaconsejada inicialmente por la RAE. Recomendaba utilizar en su lugar los termino de ‘reducir’, ‘disminuir’ o ‘rebajar’, pero ante el uso tan extendido por el gobierno y tantos personajes públicos y por su empleo masivo en los medios de comunicación, al final optó por establecer como significado de este término el de un proceso escalonado o gradual de disminución de algo.
Por eso, resulta tan curioso el que organismos públicos utilicen este término para referirse de alguna manera a la “vuelta a la normalidad” en distintos ámbitos y en especial en el sanitario.
Ya que lo único que ha disminuido notablemente es el número de pacientes Covid, que se atienden en los diversos centros y el nivel de miedo y estrés de los profesionales de los distintos servicios, lo cual nos alegra. De hecho, aunque en la mayoría de servicios se siguen utilizando las FFP2 y FFP3 (estas últimas sobre todo en Emergencias) el resto del EPI se reserva para casos sospechosos o confirmados de coronavirus.
Pero la “carga de trabajo” como tal, no ha disminuido en absoluto. Al contrario, todos esos pacientes que durante todo este tiempo han hecho un uso “adecuado” de los recursos sanitarios (en ocasiones hasta “extremo” al dejar de consultar incluso por patologías graves) ahora vuelven a lo que ellos consideran su normalidad asistencial.
Son muchos los que ahora “recelan” de las consultas no presenciales, no sólo pacientes, también médicos, ya que la puesta en marcha de la consulta telefónica se ha realizado, como viene siendo ya una norma en el proceder de la Administración, sin consultar a los profesionales y sin la formación adecuada.
Por ello, si se pretende un desarrollo de toda su potencialidad (telemedicina…) esta tendrá que llevarse a cabo con la formación necesaria.
Por otro lado, a Osakidetza le va eso de dar “gato por liebre” a la población y sigue potenciando los famosos PLA. El Sindicato Médico ha manifestado su oposición desde la implantación de estos procesos. Para tratar hay que diagnosticar y sólo los médicos estamos capacitados para hacerlo.
A pesar de que los facultativos de AP atienden de presencia a aquellos enfermos que consideran oportuno, tanto las consultas telefónicas como los PLA están provocando que ahora muchos pacientes decidan acudir a los PAC y/o urgencias hospitalarias, en busca de atención presencial médica. Servicios que ven también mermada su dotación de personal, ahora que parece que la Covid está en declive.
En definitiva, lo que algunos llaman “desescalada” es una “escalada” en toda regla para los facultativos, ya que aunque parece que va disminuyendo el número de pacientes covid (+) o sospechosos atendidos, la carga de trabajo de los distintos servicios va en aumento.
Teniendo en cuenta que las vacaciones están a la vuelta de la esquina, que, como siempre, no hay médicos suficientes para cubrir todos los huecos y que el fantasma de un repunte de la pandemia en otoño sigue presente, el término “desescalada” es lo menos apropiado en estos momentos.

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