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| Propaganda y desinformación |
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Parece que el consejero Bengoa ha dado por definitivamente perdida la batalla de la credibilidad entre los trabajadores de Osakidetza y se dispone a centrar sus energías en la opinión externa, en la opinión pública en general a la que intenta poner en contra de los “privilegiados” sanitarios vascos y, en concreto de los médicos. A esta intención obedece, sin duda alguna, su comparecencia en el Parlamento Vasco para responder a la polémica creada por los “incentivos de productividad para directivos” recientemente incrementados por su departamento. Desconocemos la totalidad de lo que dijo, pero la intervención quedó resumida en la prensa del día siguiente con sorprendente unanimidad en los titulares, todos ellos del siguiente tenor: “953 médicos y enfermeras ganan más que el director de Osakidetza” Demagogia en estado puro; no cabe otro calificativo a su intervención. Sólo hay que exponer desnudos y sin artificios, los mensajes emitidos por el consejero en su comparecencia:
Cuando el Consejero justifica los incentivos, declarando el dogma de la supremacía salarial del directivo sobre el subordinado y lamentando dificultades para “fichar gestores de prestigio”, está confundiendo la administración pública con una empresa privada, en la que sus tesis quizás pudieran tener más fundamento. Por muy arcaico e ingenuo que pudiera parecer, la Administración Pública está obligada a buscar en sus directivos el perfil de servidor público mucho más que el de gestor de prestigio. No queremos pensar que el modelo de dirección deseado por el consejero Bengoa vaya a terminar siendo el de la gran empresa con accionariado atomizado (Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola ….) empresas éstas en las cuales, a falta de una propiedad efectiva que actúe de contrapeso, los altos directivos se otorgan a sí mismos unas condiciones salariales astronómicas, camuflando lo que es un auténtico saqueo desde su posición de poder, con la supuesta necesidad de pagar con “precios de mercado” el fichaje de “directivos de prestigio”. ¿Alguien duda de que estas enormes corporaciones reclutarían con facilidad, directivos igualmente preparados y eficientes, aún abonándoles salarios mucho menos abultados?
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