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Guardias y horas extras: la ceremonia de la confusión

Enviado por en 13 noviembre, 2003 – 1:00 AMSin comentarios

Ya no hay quien se aclare donde se encuentra el enrevesado asunto de las guardias y su carácter de jornada extraordinaria. A continuación haremos un repaso cronológico de los sucesivos pronunciamientos judiciales intentando traducirlos al lenguaje comprensible.

Doctrina tradicional del Tribunal Supremo.

Las guardias no son trabajo, sino ”expectativa de trabajo”. No son jornada ordinaria ni extraordinaria, son “jornada complementaria”. Como tal, están bien pagadas a mitad de precio mediante el Complemento de Atención Continuada.

Directiva Comunitaria 93/104

Las guardias de presencia física constituyen trabajo efectivo y sumado al trabajo ordinario no pueden sobrepasar las 48 horas/semana en cómputo de 12 meses.

Tribunal Superior de Castilla y León (2002)

Las horas que sobrepasan la jornada ordinaria no son extraordinarias en el sentido del Estatuto de los Trabajadores y están retribuídas ya mediante el Complemento de Atención Continuada.

Tribunal Superior de Euskadi (2003)

Las horas que sobrepasen la jornada pactada (1.592/año) incluyendo las de guardia, son jornada extraordinaria, pero no se pronuncia sobre la manera de pagarlas.

Tribunal Superior de Murcia (2002)

Las horas que sobrepasan las 37,5/semana, incluyendo las de guardias, están bien pagadas con el Complemento de Atención Continuada.

Tribunal Supremo (2003). Conflicto Colectivo de CESM Galicia

Las horas de guardia que, sumadas a las ordinarias, excedan de la jornada de 40 horas semanales son extraordinarias, y deben pagarse como extraordinarias, pero solo a los médicos que tienen contrato laboral si en su convenio se prevé una remuneración específica para la hora extraordinaria.Como se puede apreciar, la posición judicial con respecto a las guardias, su consideración como horas extras y su retribución, es muy variopinta, si bien se aprecia una lenta evolución desde las cerradas posturas iniciales del Tribunal Supremo. Esta evolución ha sido inducida por la aparición de la Directiva Comunitaria 93/104 sobre Tiempos Máximos de Trabajo y la Sentencia de 1999 del Tribunal de Luxemburgo.

Da la impresión de que el espinoso asunto de las guardias es un enorme castillo de naipes que no se sostendría a no ser por el enorme montante económico que supone su regulación en forma razonable.