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Adjudicación destinos discapacitados Crónica de un desatino

Enviado por en 24 abril, 2008 – 7:35 PMSin comentarios

Una chapuza no se soluciona con otra que recorra el camino inverso; más bien se convierte en una doble chapuza. Esto es, ni más ni menos, lo que ha ocurrido con los vaivenes y contradicciones de Osakidetza en lo referente al procedimiento de adjudicación de destinos para los opositores con discapacidad. Parece imposible, pero con su trayectoria errática, Osakidetza se las ha arreglado para que todos los implicados,  terminen seriamente enfadados y se pregunten por la formalidad de esta empresa.

A continuación la descripción cronológica de los acontecimientos…

El Miércoles 16 de Abril, en la Mesa de seguimiento de la OPE celebrada ese día en los Servicios Centrales, Osakidetza comunica a los sindicatos presentes que “procede a modificar el criterio de adjudicación de plazas a los opositores con discapacidad reconocida.”

Esta modificación supone alterar el criterio seguido en la OPE 2002, criterio por el que los discapacitados obtenían destino por delante de los opositores “ordinarios” y sustituírlo en la OPE 2006 por un nuevo criterio, según el cual, cada opositor con discapacidad obtendría destino en el orden que le correspondiese en la lista general de opositores.

Ante la extrañeza y la sorpresa producidas por este cambio repentino de criterio, y respondiendo a preguntas sobre las razones que justifican este cambio de orientación,  Osakidetza se reafirma repetidas veces en el mismo sentido, fundamentando su decisión en un informe de los técnicos jurídicos de Función Pública.

En nuestro Boletín Informativo del 18 de Abril, publicitamos la información puesto que había sido notificada por Osakidetza en un foro –la Mesa de Seguimiento de OPE- plenamente oficial, y convenía difundirla con rapidez pues afectaba de lleno a la mecánica de elección de destinos en Medicina de Familia, cuyo plazo estaba próximo a expirar.

El Miércoles 23 de Abril, Osakidetza comunica que se desdice de su decisión anterior y vuelve a adoptar el criterio primitivo. Para fundamentar esta retractación, Osakidetza publica una escueta nota [ver documento] en la que se refiere a “motivos de seguridad jurídica”  derivadas de la “identidad de redacción de las bases en ambas OPEs”  precisamente los mismos motivos que una semana antes no tenían –al parecer- entidad suficiente.

Todo este proceso ha sido impresentable, por usar un calificativo moderado, ya que ha propiciado la aparición de discusiones y enfrentamientos al mezclarse, inevitablemente, dos aspectos de la cuestión que debieran separarse cuidadosamente: La necesidad de una discriminación positiva para el discapacitado, por una parte, y la forma y límites de su aplicación, por otra.

Ya se sabe que el tratamiento de la discapacidad en los procesos selectivos es materia opinable. Todos estamos de acuerdo en la necesidad de una discriminación positiva para el discapacitado, pero no existe la misma unanimidad si hablamos de su forma de aplicación y de los mecanismos de control de la misma, aspectos que pueden ser objeto de visiones muy diferentes aunque, en principio, igualmente legítimas.

Pero no es este el asunto que, aquí y ahora, nos ocupa; es otra cosa, es una falta de formalidad que merece un suspenso sin paliativos. Es un asunto de claridad y seguridad. No cabe duda que existen argumentos lógicos y razones jurídicas para sostener uno u otro criterio, pero cualquiera que fuera el aplicado, lo que no ofrece duda es que las reglas del juego deben mantenerse invariables desde el pitido inicial hasta el minuto 90; lo contrario conduce al caos y eso es lo que Osakidetza ha conseguido.

Dos decisiones sucesivas, poco explicables. Un giro de 360º en menos de una semana, que ha introducido en muchos opositores no solamente enfado, sino, lo que es mucho peor, desconfianza en el proceso selectivo.