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Las guardias médicas: una historia interminable

Enviado por en 9 junio, 2008 – 11:36 AMSin comentarios

Pasan los años y no parece que este asunto encuentre la puerta de salida. Muy al contrario, los diversos aspectos de la cuestión, dan vueltas sobre sí mismos volviendo al punto de partida, donde le esperamos los facultativos de siempre, pero más viejos y cansados que al principio. Empezaremos por la Directiva Comunitaria de Tiempos Máximos de Trabajo, la conocida “Directiva de 48 horas semanales”. Vigente desde 1993, modulado y precisado su contenido por la famosa sentencia del Tribunal de Luxemburgo del año 2000, parcialmente modificada el 2003 y casi siempre aplicada de forma insuficiente. Aún y con todo, ya se la intentó anular de raíz, en el 2007, mediante el curioso invento del “tiempo inactivo de guardia”. Este intento fracasó en 2007, pero renace (modificado) en este 2008, de la mano, otra vez de Gran Bretaña y Alemania, con el posible apoyo de Francia, que anteriormente figuraba en el bando de los opositores.

Mientras tanto, las demandas de guardias naufragan en el pantano judicial. El Tribunal de Luxemburgo decide que la guardia es tiempo de trabajo; el Tribunal Supremo sentencia que la guardia es jornada extraordinaria, pero no quiere entrar a decidir cómo debe pagarse, que es lo que, de verdad, importa. Nos cambian la jurisdicción (pasamos de la Social a la Contencioso-Administrativa) y sigue transcurriendo el tiempo.
Cuando, finalmente, los distintos juzgados deben empezar a decidir sobre demandas individuales, asistimos a un verdadero “ping pong”, pues está muy claro que no quieren enfrentarse al tema, miran para otro lado, se quitan el “muerto” declarándose incompetentes, se pasan la bola de unos juzgados a otros. Las sentencias que van saliendo son denegatorias y prácticamente uniformes, sean cuales fueren las características individuales de cada demandante……… Si alguna vez tuvimos la esperanza de que los juzgados resolviesen el problema, mejor ir olvidándolo.

Las guardias son imprescindibles, hay menos médicos disponibles y somos más viejos. Un cóctel no muy favorable, que, a corto y medio plazo es insoluble; sólo se puede “parchear” ofreciendo condiciones atractivas para que los médicos  aceptemos cierto incremento de su jornada y, por otra parte, pagando las guardias en consonancia con el carácter penoso y que, indudablemente, tienen.