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Propaganda y desinformación

Enviado por en 19 junio, 2011 – 4:45 PMSin comentarios

Parece que el consejero Bengoa ha dado por definitivamente perdida la batalla de la credibilidad entre los trabajadores de Osakidetza y se dispone a centrar sus energías en la opinión externa, en la opinión pública en general a la que intenta poner en contra de los “privilegiados” sanitarios vascos y, en concreto de los médicos. A esta intención obedece, sin duda alguna, su comparecencia en el Parlamento Vasco para responder a la polémica creada por los “incentivos de productividad para directivos” recientemente incrementados por su departamento.

Desconocemos la totalidad de lo que dijo, pero la intervención quedó resumida en la prensa del día siguiente con sorprendente unanimidad en los titulares, todos ellos del siguiente tenor:

“953 médicos y enfermeras ganan más que el director de Osakidetza”
El Correo 11-6-11

Demagogia en estado puro; no cabe otro calificativo a su intervención. Sólo hay que exponer desnudos y sin artificios, los mensajes emitidos por el consejero en su comparecencia:

  • Los directivos de Osakidetza cobran demasiado poco para el trabajo tan duro que realizan.

  • Con esas retribuciones tan bajas, no se puede “fichar” personal de prestigio.

  • Qué tan pobre será la paga del directivo, que gana menos que muchos médicos, que son sus subordinados. ¡El mundo al revés! ¡qué injusticia!.

    Cuando los argumentos no valen, hay que desviar la atención y cargar los cañones hacia algún blanco fácil. Pero lo dicho, Sr. Consejero, resulta evidente que juega usted a despistar al público externo, porque de puertas adentro, entre los facultativos (cuya colaboración dice pretender, aunque ahora se le oye mucho menos) no cuela. No nos resistimos a hacer unas cuantas consideraciones para que cada cual las responda para sí mismo y se forme su opinión:

  • No confundamos las personas con las categorías profesionales. Hay directivos (y cualquier otro tipo profesional) regulares, excelentes, buenos, malos y deplorables. Pero no estamos hablando de eso.

  • Nuestro Consejero lanza la piedra y esconde la mano. Publica retribuciones pero se guarda mucho de mencionar la cantidad de horas extras (guardias, autoconcertación …) que invierten todos los meses, los novecientos y pico médicos que señala. También ha pasado por alto los muchos otros facultativos que incluso haciendo horas extras (que son en horario nocturno y festivo) no llegarán nunca al salario del directivo que se ha mencionado

  • El Consejero da por sentado que el trabajo de un directivo merece mayor retribución que el de cualquier subordinado, pero nada dice de cuáles son la razones de fondo que sustentan la lógica de esa tesis, que, en el caso de los facultativos es muy discutible; en dos palabras, qué grado de responsabilidad, cuánta penosidad, qué necesidad de preparación profesional requieren los respectivos roles laborales.
    El Consejero No argumenta, no puede, se limita a presentar una afirmación como si fuese un principio axiomático.

Cuando el Consejero justifica los incentivos, declarando el dogma de la supremacía salarial del directivo sobre el subordinado y lamentando dificultades para “fichar gestores de prestigio”, está confundiendo la administración pública con una empresa privada, en la que sus tesis quizás pudieran tener más fundamento. Por muy arcaico e ingenuo que pudiera parecer, la Administración Pública está obligada a buscar en sus directivos el perfil de servidor público mucho más que el de gestor de prestigio.

No queremos pensar que el modelo de dirección deseado por el consejero Bengoa vaya a terminar siendo el de la gran empresa con accionariado atomizado (Telefónica, Santander, BBVA, Iberdrola ….) empresas éstas en las cuales, a falta de una propiedad efectiva que actúe de contrapeso, los altos directivos se otorgan a sí mismos unas condiciones salariales astronómicas, camuflando lo que es un auténtico saqueo desde su posición de poder, con la supuesta necesidad de pagar con “precios de mercado” el fichaje de “directivos de prestigio”. ¿Alguien duda de que estas enormes corporaciones reclutarían con facilidad, directivos igualmente preparados y eficientes, aún abonándoles salarios mucho menos abultados?